#EnContexto

Vencedores, esclavistas y asesinos

Con una gran cantidad de estatuas históricas siendo removidas alrededor del mundo, ¿qué debería ocurrir en Colombia?


Artwork proveído por Estefanía Castañeda.


Las protestas del movimiento Black Lives Matter (BLM) estallaron inicialmente en Estados Unidos hace ya varios meses. A pesar de que su mayor objetivo era “obtener justicia” para las personas asesinadas por la fuerza policial tales como George Floyd, las protestas tomaron un giro alterno en muchos estados en razón de combatir el racismo sistemático. Como parte de las protestas, los manifestantes empezaron a atacar estatuas de líderes de la confederación.


Entre 1861 y 1865 EE.UU se encontraba en una guerra civil, donde se enfrentaron los estados del sur (que alejándose de la Unión crearon la confederación) y los del norte, liderados por Abraham Lincoln (fieles a la Unión). La versión corta del inicio de la guerra es la disputa sobre la abolición de la esclavitud. Los confederados peleaban por mantenerse esclavistas, mientras que los fieles del norte buscaban erradicar dichas prácticas. Pese a que los “blancos” del norte desencadenarían la liberación de la población afro-estadounidense al ganar, se dice (y apoyo la idea) que detrás de la propuesta filantrópica estaba el interés de fondo de estimular la economía al volver de la “clase trabajadora” a dicha población.


Entonces, al encontrarse actualmente una cantidad significativa de la población repudiando la persecución de personas afro-estadounidenses y minorías, las figuras del bando pro-esclavista y algunas otras que databan a la época colonial, empezaron a ser vandalizadas, tumbadas (a veces por los mismos gobiernos estatales) y en algunos casos decapitadas. Estados Unidos no fue el único país en el que visiblemente ocurrió este fenómeno; en el Reino Unido, Nueva Zelanda y Sudáfrica muchas estatuas que tenían connotaciones racistas o esclavistas fueron removidas.


Mientras que las protestas y eliminación de monumentos ocurrieron en los últimos 3 meses, ¿cómo está el debate en Colombia? En algunas de las principales ciudades del país se ha propuesto en los concejos remover algunas estatuas que representan valores que la sociedad contemporánea no debería aceptar. Por ejemplo, en Cali, se propuso en Junio la remoción de la figura de Sebastián de Belalcázar, fundador de la ciudad, por haber sido descrito por varios historiadores como “sanguinario” y por haber luchado contra las rebeliones indígenas Inca ante la llegada de los conquistadores en Perú y Ecuador. No obstante, la propuesta no ha recibido mucho eco. Mismo es el caso en Bogotá, que, a pesar de tener varias estatuas de connotaciones históricas cuestionables, no ha tomado mucha importancia la consideración si se debiesen trasladar o reducir a simple recuerdos.


En el caso de la capital colombiana, el gran conocido Monumento a los Héroes tiene una historia bastante peculiar. Inicialmente, se planeaba dedicarlo a los militares colombianos que lucharon en la guerra de Corea desde el bando anti-comunista, pero con la llegada de la dictadura de Rojas Pinilla se quiso dirigir hacia aquellos que murieron por la independencia de Colombia, y se construyó el monumento como se conoce actualmente. Pero no todo lo que brilla es oro. El arquitecto original de los Héroes fue Angiolo Mazzoni, públicamente fascista, quien previo a su llegada a Colombia, trabajaba para el gobierno de Benito Mussolini.


Estos dos casos, y muchos más, son los de estatuas que se encuentran alrededor de Colombia, las cuales traen consigo significados negativos que se supone nuestra sociedad está tratando de eliminar. Analógicamente cabe preguntarse ¿por qué aún se encuentran de pie? La oposición a remover dichas estatuas, en Colombia y en cualquier parte del mundo, podría decir que lo negativo hace parte de nuestra historia y que aquellas personas vivían en un contexto diferente al nuestro, por lo cual “inhumano” tenía un significado diferente al que tenemos hoy en día. Esto es muy cierto, sin nuestro pasado no seríamos “nosotros”, pero dicho argumento no acaba allí. Los personajes históricos de los que se basan las estatuas fueron esclavistas y asesinos, y aunque puede que no nos guste recordarlo, sin ellos no tendríamos Colombia como la conocemos.


Con esto, el debate ya no solo es acerca de si los monumentos deben removerse o no, sino lo que significan nuestros “héroes de la patria”. Dice el dicho que la historia la escriben los vencedores (con dicho me refiero a la frase célebre del libro 1984), y debido a que somos nosotros los que ejercemos la soberanía, somos los hijos de los vencedores. Las estatuas son un recuerdo de dónde venimos.


Habiendo afrontado dicha realidad, ¿y qué hacemos con los monumentos? ¿se deberían dejar intactos, ser puestos en museos o totalmente demolerlos? Se podría intentar cambiarlos por figuras de las poblaciones indígenas que se encontraban en el territorio antes de la colonización, tratando de lograr un tipo de justicia poética: como los colonizadores aculturizaron a los nativos, eliminando su memoria cultural, la sociedad contemporánea removería a quienes no quieren recordar. De igual manera, decapitemos o no a nuestras estatuas, la mayoría de nosotros somos producto de los vencedores, los esclavistas y los asesinos, ¿podemos en realidad cambiar eso?

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