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Si en Colombia existieran más MUZAC, el país sería distinto

“Sonó la flauta. Fuimos honestos, fuimos sinceros. En un país absurdo” fue la frase que más retumbó en mi cabeza luego de hablar con Cristo Hoyos, quien en el año 2004, sentado en una de las sillas del Museo Nacional mientras revisaba el diagnóstico de la Red Nacional de Museos, contempló la idea de crear un espacio en un sitio álgido de violencia y política en el país, como lo ha sido el departamento de Córdoba. “Un espacio para quienes todavía soñamos con que la salida de un país como el nuestro tenga dos opciones: la educación o el arte”, me dijo el fundador del MUZAC.


Para entonces, Montería ya era una ciudad grande en donde existía una población advenediza, es decir, una población que ya ni siquiera había nacido en la ciudad y quienes lo habían hecho también habían dejado de contar sus historias de despojo, de desplazamiento. Las historias de violencia que cargaba a cuestas Montería se las habían llevado, parecía que era un panorama bastante complicado desde la ciudad, desde lo urbano como población; entre otras cosas porque en un país como el nuestro, de estas situaciones solo se habla para negar su existencia.


“Yo creo que en Colombia no existe ninguna institución, llámese alcaldía o gobernaciones, que pueda atender las circunstancias que se viven en nuestros barrios populares y frágiles, ni ahora ni en ese momento”. Y es que, Montería ha sido uno de los territorios más afectados por la violencia paramilitar en el país, y su gente está llena de cargas emocionales, con tejidos familiares afectivos totalmente destruidos y si bien, como territorio violentado y olvidado, tienen muy pocos recursos que suplen sus primeras necesidades, nadie iba a preocuparse por el estado anímico y psicológico de un desplazado, incluso, actualmente, muy pocas personas lo hacen. “Teníamos las circunstancias de una ciudad como Montería, y yo que todavía sigo confiando en la educación y en el arte para la transformación y de alguna manera también para el saneamiento del alma y de lo espiritual, contemplé un espacio que pudiera ser casi como un bálsamo para la ciudad”.


El Museo Zenú de Arte Contemporáneo (MUZAC) es precisamente ese espacio que subsana la deuda que las sábanas del Caribe colombiano tenían con las artes, y sobre todo, con la gente que habita su territorio. La agenda cultural y las exposiciones del MUZAC deben tener siempre una cercanía con su contexto, con las problemáticas y las tensiones que encontramos en lugares como Montería. Según Gabriel Moreno Reza, uno de los colaboradores del museo, “la obra en Montería debe generar cercanía con el territorio. No es exponer por exponer, ni se trata del arte por el arte, sino de tener una posición política y estética clara”. Por eso es importante para el MUZAC observar de cerca los procesos propios y ayudar al resurgimiento de artistas que nacieron en una región condenada al olvido. Por ejemplo, Gabriel me hablaba de la obra de Marcial Alegría, que precisamente retrata todo ese espíritu de lo que significa ser zenúes y además obedece a esa cultura prehispánica que nos antecede y está llena de sincretismos, pero que, a fin de cuentas, es lo que somos. “Valernos del nombre que se hace común, que se hace cercano para que no fuera ajeno”, me repitió Gabriel, para quien el museo ha sido el lugar en el que se ha fabricado su soporte, entendiendo este soporte como lo que le permite a él sostenerse en el mundo.


“Yo llego a MUZAC en el año 2012, primero como usuario, como asistente fiel de las exposiciones. En mí ya había cierto gusto por la literatura y el tiempo me dio esa licencia para darme cuenta de que la escritura es también visual y termino siendo colaborador y con colaborador me refiero al proceso de empacar una obra, de meterme en la parte de atrás de un camión y atravesar toda la ciudad con obras de arte. Yo pienso que esa es una de las razones de mi vida”. Gabriel Moreno.

Un museo distinto


La mayoría de los museos en Colombia ni siquiera se percatan de las realidades que los rodean, según Cristo, porque sus programaciones resultan bastante esquizoides con relación a la humanidad. Fijarse en las programaciones de los museos es darse cuenta de que las exposiciones no se ajustan a la situación actual del país, y de paso, chocarse con esa idea de que la cultura tampoco está haciendo el trabajo de abarcar totalmente lo propio, lo nuestro, lo de acá. Muchos museos no tienen una misión fija en el ámbito nacional y aparte de eso siempre está de por medio la limitación de los recursos que pueden usar, porque en Colombia no existe una política de museos y no son muchas las instituciones interesadas en ellos.


Teniendo ese panorama, los creadores del MUZAC se decidieron por algo distinto. “No podemos hacer un museo con una sede porque se va a volver el elefante blanco de otras ciudades, no podemos tener una planta de personal porque se va a desbordar la burocracia que se lleva todos los recursos, no podemos tener unos sueldos fijos porque los pocos que vamos a trabajar tenemos que ser conscientes de que finalmente, terminaremos regalando nuestro trabajo”. MUZAC, entonces, se diseñó a partir de una estrategia que dependía del contexto y la realidad del país, afianzando esa vulnerabilidad que hace parte de todos nosotros como sociedad. Por eso se piensa en un museo independiente, sin sede, sin plataforma burocrática, sin colección porque, como afirma Cristo, “mantener una colección no es lo que hacen los museos en Colombia, no se trata de archivar trabajos en una bodega y que duerman el sueño de lo justo. Mantener una colección significa investigarla, estudiarla, ordenarla, exponerla y curarla”. MUZAC no podía esperar a tener todo esto, y en el año 2005 decidieron empezar con el proyecto que el pasado mes cumplió 15 años con la primera exposición que hicieron del extraordinario artista colombiano, Carlos Rojas.


MUZAC es un museo distinto porque está ubicado en Montería, es decir que es un museo ubicado en la periferia, pero que a pesar de eso se incrusta en el circuito de las artes no solamente a nivel nacional sino del continente latinoamericano. Según Gabriel, lo que hace que este proyecto sea singular para las artes y para la cultura del país, ha sido precisamente desencasillarse de la idea convencional que se tiene de un museo tradicional.


Museo Zenú de Arte Contemporáneo. Recuperado de: @muzacmonteria
Museo Zenú de Arte Contemporáneo. Recuperado de: @muzacmonteria

Las exposiciones


El arte de las regiones no puede ser el arte que se ve en Bogotá, el arte de las regiones debe estudiarse e investigarse en el mismo espacio en el que se da. El MUZAC busca el arte que no se visibilizó por no ser un arte de ciudad, un arte que reconocemos cotidianamente. “Aquí se aprecia el arte virreinal y el arte colonial, pero nunca el popular”, afirmaba Cristo.


Las exposiciones del MUZAC están dirigidas a la orilla del Caribe colombiano, es decir, Montería, parte de Antioquia, Córdoba, Sucre, pero también es una agenda expositiva pensada para todos y las obras de los artistas que se llevan, de una u otra manera tienen que establecer lazos con las problemáticas sociales, porque es ahí en donde se activa el papel del museo, que debe ser un compilador de voces y que debe despertar pensamientos críticos ante las situaciones que atraviesa la historia y las trayectorias individuales de las personas que habitan el mismo territorio del museo.


Las obras que se exponen en el MUZAC deben hacer click con el contexto cultural de la ciudad. “Llevamos, por ejemplo, una obra de Bernardo Salcedo, porque nosotros somos una sociedad agropecuaria y este contenido de una obra conceptual es totalmente vigente para Montería, entonces estamos viendo con ciertas dosis abonar los faltantes que teníamos como sociedad y con otras dosis, darles la oportunidad a los jóvenes del departamento de Córdoba y de la ciudad de Montería a tener esa ventana de lo que está pasando en el mundo del arte hoy”. Para Cristo Hoyos, una de las cualidades más importantes del museo es que ha sido una puerta abierta para aquellas minorías que nunca se han contemplado como el arte indígena, teniendo en cuenta que el departamento de Córdoba tiene dos núcleos poblaciones: la población Zenú y la población Embera. “También le dimos espacio a las negritudes, en Córdoba hay palenques pero nunca habíamos tenido una exposición de arte negro”.


Un lugar maravilloso

El arte es más maravilloso cuando se hace desde lo que se conoce. Las circunstancias de violencia de Montería, que en el fondo lo que visibilizan también es el rezago de una región, necesitaban un espacio que le hiciera frente a la situación, un espacio en el que todos se pudieran reconocer y encontrar a partir de su propia historia y sus condicionamientos como población. El museo es “Zenú”, precisamente porque es una cultura que sigue viva en los objetos que la representan y es actual. Por eso la estrategia del MUZAC se vuelve válida en estos tiempos en los que los museos han entrado en decadencia. Según Gabriel, uno entiende lo maravilloso que significa contribuir a la educación de la región y descubres cómo el arte está ligado con la vida misma y te das cuenta de que posiblemente no existen fronteras entre el arte y la vida, y que finalmente eso lo permite y lo gestiona un museo.”

Tanto para Gabriel Moreno como para Cristo Hoyos, ambos gestores del museo, lo más importante es la misión que desarrollan y el público que han formado durante estos 15 años. “Va mucha más gente al MUZAC en Montería, que es una ciudad que no llega ni a 500.000 habitantes que a los museos de aquí de Bogotá, porque aunque Bogotá tiene millones de habitante, nosotros arrastramos más público”. MUZAC es entonces, ese espacio maravilloso que nos recuerda que por un momento, nuestro país puede ser distinto.

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