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Respice Polum y la vacunación colombiana

Actualizado: 27 feb 2021

La política exterior colombiana ha estado mirando tanto “hacia el norte” al punto de quedarnos sin vacunas.


El tema del momento no necesita ninguna introducción, es más famosa que la P mayúscula de Duque, es más esperada que nuestro tardío regreso a la presencialidad universitaria. Señoras y señores, empezó la vacunación en Colombia. Desde el inicio de la pandemia es correcto afirmar que todos teníamos la duda constante de ¿cuándo me podré vacunar? Incluso la Organización Mundial de la Salud llegó a aplastar las esperanzas de muchos cuando en septiembre de 2020 puso en duda la posibilidad de una vacuna efectiva para antes de mediados de 2021. A pesar de que el desarrollo de esta generó pánico internacional ante una monopolización, y contrario a las cuatro de las que siempre se escucha (Pfizer, Moderna, AztraZeneca y Sputnik V), se están aplicando mientras lee esto 11 diferentes vacunas alrededor del mundo.


Ustedes podrán estarse preguntando por qué con 11 laboratorios diferentes emitiendo vacunas, Colombia tendría como primer lote solo 50.000, y 18 aplicadas en el primer día. Créame que todos nos preguntamos lo mismo. A pesar de que hasta el 18 de febrero ya se han aplicado 7.854 dosis (esto también gracias a la llegada de 192.000 vacunas de SinoVac, China), el país está sufriendo las consecuencias de la doctrina Réspice Polum, la cual ha guiado nuestra política exterior desde el siglo pasado. Con esto, el panorama por fuera de limites colombianos se ha dedicado a ver hacia el norte, ver hacia Estados Unidos.


Es bastante común escuchar a padres mayores de 40 años o a nuestros abuelos hablar del país norteamericano. Por mi parte he visto comentarios que halagan a dicho Estado, de forma que “allá las cosas sí se hacen bien”, “mi sueño es vivir en EE.UU” o simplemente “papito usted tiene que irse del país porque acá no hay futuro”. Esta mentalidad es consecuencia de este Réspice Polum, el cual no solo ha delimitado nuestros objetivos y alcances interestatales, sino también ha llevado a gran parte de la población a pensar que el “sueño americano” también nos incluye. Aunque la realidad es bastante diferente.


La doctrina, también llamada Estrella Polar, se relaciona usualmente con el expresidente Marco Fidel Suárez, que se posicionaría poco después del famoso tratado Urrutia-Thompson, a través del cual nos pagaban algunos dolaritos por la pérdidamutilación de panamá. ¿Quiere saber algo aún más cagada? Nuestro presidente Suárez, creador del amor incondicional hacia Estados Unidos, fue el canciller del expresidente José Vicente Concha, en el gobierno justo anterior. En otras palabras, uno de los participantes del tratado Urrutia-Thompson.


Desde entonces, EE.UU es nuestro principal “aliado”, y pongo esa palabra entre comillas ya que sería iluso afirmar que somos los mejores amigos de los gringos, porque, y en palabras de John Foster Dulles, exsecretario de Estado, un verdadero gringo: Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses. Ahora bien, eso fue hace un poco más de 100 años, ¿cómo estamos hoy?


Iván Duque, presidente y guitarrista part-time, no se ha alejado del réspice, incluso podríamos afirmar que lo ha devuelto a su moda original, en comparación a su predecesor Juan Manuel Santos. Para entender esto hay que referirnos a cómo funciona la política exterior, y en específico la política exterior colombiana (PEC). Hacer referencia a la PEC puede sonar complicado de entender, pero en realidad se puede poner en términos muy sencillos. Nuestra política exterior es personalista y presidencialista, que significa que nuestro querido presidente es quién define cuál será la forma en que esta se llevará a cabo mientras esté en el poder. Aquí es donde entra a jugar las preferencias del jefe de Estado.


El presidente actual tiene una alta cercanía con Estados Unidos, no solo por sus maestrías en Georgetown y American University, sino por el hecho que posicionarse como presidente, Duque había vivido casi el 25% de su vida en Estados Unidos. Ahora, ¿qué tiene que ver esto con las vacunas? ¿No debería la cercanía a EE.UU beneficiarnos? En parte sí, sus ayudas económicas son vitales para el funcionamiento de muchos proyectos sociales, pero por otra parte la relación exclusiva nos alejó de diversificar la vacunación.


Tomemos como ejemplo otros países de la región como Argentina. Este ya cuenta con 1.220.000 dosis de Sputnik V, que es de las últimas que Colombia ha negociado y extrañamente es justo la rusa. El distanciamiento de oriente nos ha cerrado a la posibilidad de aumentar nuestra capacidad de vacunación, la cual, a pesar de sí haber negociado con la vacuna china SinoVac, está bastante quedada a comparación de otros Estados latinoamericanos.


Incluso se puede ver esta preferencia occidental dentro de entes como la OMS, que en su página principal de vacunación solo enlista a las producidas por laboratorios estadounidenses y europeos.

Fuente: OMS vacunación COVID-19


Debido a esto tenemos que detenernos como país y pensar si sigue siendo beneficioso alejarnos de oriente para mantener en occidente. Aunque Estados Unidos juega un papel vital en nuestras políticas internas, no podemos cerrarnos y solo mirar hacia el norte, debemos mirar a todas partes.


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