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No es solo patear una pelota: Osvaldo Soriano II

Actualizado: 15 mar 2021


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Ya he hablado de Soriano y de El penal más largo del mundo, uno de sus cuentos futboleros. Pero tiene más, y uno en particular vincula al anterior de gran manera, Gallardo Pérez, referí, además de ser un muy buen cuento, es muy especial y significativo a la hora de entender la historia del fútbol argento.

Este es uno de los cuentos más cortos del escritor marplatense, pero esta historia, lineal y narrada en primera persona, tiene detalles de su fina escritura cuando refiere a la experiencia de aquel joven jugador de Confluencia, en Cipolletti.




Osvaldo Soriano. Extraído de Historia Hoy


En la historia de este curioso árbitro, que representa algo muy distinto a lo que hoy consideraríamos un árbitro “derecho”, pero que en realidad sí lo era, al menos en sus circunstancias, vemos la forma en que la violencia llegó a permear lugares recónditos de la vida humana como el juego. Barda del Medio era el equipo invencible del torneo, de local, obvio. En realidad, todos ganaban de local, y Barda del Medio era completamente infranqueable. Pero su idilio eterno con la victoria no estaba sustentado en la rigurosidad táctica ni mucho menos en el esplendor técnico de sus jugadores, diría que su senda victoriosa la respaldaba una imaginación y rudeza explicita; imaginación para intimidar y rudeza para golpear.

Ganar era lo importante, pero en lo profundo se protegía el honor, no era venerada una victoria en donde el rival se dejara ganar (aun si en lo en el fondo fuera así). Irónicamente, era todo un guion armado en torno al supuesto espectáculo de “jugar a la pelota”, mostrar interés en competir e irremediablemente perder era tarea difícil para los jóvenes que ‘solo esperaban ganarse un lugar en el equipo titular’. Mismo equipo titular que en su mayoría no viajaba para evitar un desgaste innecesario en un espectáculo ya desnaturalizado.


Los cuentos que rondaban de caserío en caserío eran que quienes se atrevieran a insultar el templo de Barda del Medio serían colgados en los sauces detrás de los arcos, como una vez algún juez idealista que pisó ese césped.

El día de jugar en la cancha de Barda del Medio llegó y a pesar de haberles metido 4 el año anterior de local, los dos puntos se daban por perdidos en esta ocasión para los de Confluencia. Y no, no es un error, en la fecha en que se sitúan tanto El penal más largo del mundo como Gallardo Pérez, referí, se ganaba de a dos puntos por victoria y uno por el empate.


Gallardo Pérez , al parecer un tipo bastante duro y falto de vista, aclaraba el plan tácito del espectáculo antes de iniciar, 'no hay que hacerse el vivo con el equipo local', esos chistes parecían imperdonables. A cambio, los “burros” de Barda del Medio no los molían a patadas en el partido, o al menos no tanto.

El partido empezó y parecía un día normal, los insultos no faltaban y el capitán del local, Sergio Giovanelli ya le habría “sugerido” a nuestro narrador (uno de los delanteros de Confluencia debutantes) lo que las macabras leyendas del pueblo ya advertían: ‘Guarda, pibe, no te hagas el piola porque te cuelgo de un árbol’.

La primera media hora iba bien, tiraban al arco tan mal como siempre y antes del 60, Gallardo había expulsado a dos de los mejores jugadores de Confluencia, también señalo dos penales, pero ese día sería diferente, ‘no le hacían un gol al arcoíris’. El primer penal voló cual cohete y el segundo hizo lo mismo, pero se estrelló en un poste. ‘El cacho’ Osorio no podía regalarles más que los rechazos corticos (que en el remate también le erraban al arco) porque sería deshonroso dejarse hacer los goles; la golpiza sería por cobardes de ser así.

Todo se acabó cuando ‘el flaco’ Ramallo se cansó de que le llamaran maricón, con el agravante que se estaba dejando para no ganar, y rechazó tan duro hacia arriba que encontró a protagonista sin nombre picando detrás del grandote Giovanelli. Pero el capitán antes que recuperar la pelota quería acabar al ‘pibe’ de un codazo, y lo que hizo fue caerse después de la pifia.

Mientras, quedaba aquel narrador anónimo, y protagonista del conflicto de esta historia, frente al arco local en una soledad propia de los pocos que decidieron acercarse a esa área alguna vez, el arquero no pudo hacer nada en contra de ese “pendejo” que se vistió de Ronaldo en sus mejores épocas y lo desparramó apunta de gambeta corta. Pero en todo caso él sería la inspiración de o’fenomeno, en esas épocas tan antiguas sin TV y con radio, no conocían de gambeta más allá de lo que mostraban diarios como El Gráfico que llegaba hasta cuatro días después con la foto de Pelé celebrando con los brazos abiertos, mientras vestía 'La verdeamarela'.

Pelé. Extraído de El Grafico

Así celebró quien fuera la desgracia de muchos después de casi lastimarse las uñas del puntazo tan duro que le dio al balón tras acabar con la decencia del arquero, del árbitro, del equipo local y, por supuesto, del propio. Con esto, daría inicio el calvario y la materialización de tantas historias tenebrosas sobre lo que era la no victoria local en Barda del Medio; no habría baile ni damajuana de vino para el juez, y tal vez le faltarían más que dos dientes esta vez.

Los golpearon y desnudaron con la aprobación de la policía que a paso lento detuvieron a la multitud que invadió el campo de juego apenas se infló la red del arquerito local. Después del regaño de los oficiales sobre el orden público deportaron a los visitantes junto a Gallardo Pérez y en el ómnibus pasaría lo que a mi persona más le llegó a la conciencia.

Primero, ‘el cacho’ repetía por qué a él no le habrían hecho un gol así; ‘se comió el amague el pelotudo’. Ahí se despertó, medio delirante y aporreado, Gallardo Pérez, que después de pasar por la enfermería debido a los hematomas se despertó y reconoció al goleador de la tarde. Lo único que le quedaba era su silbato como medalla por la proeza del ‘pibe’ y los calzones que no le quisieron quitar.

'No se cruce más en mi vida' repitió al saber el nombre del susodicho para terminar con un ‘Si lo vuelvo a encontrar en una cancha lo voy a arruinar, se lo aseguro’. Pero lo sorprendente fue cuando confesó que sí cobró el gol, dijo: ‘¡Claro que lo cobré!- dijo indignado y parecía que iba ahogarse- ¿Por quién me toma? Usted es un pendejo fanfarrón, pero eso fue un golazo y yo soy un tipo derecho’.

Su ética no le permitía simplemente anular un gol que ya había hecho daño, la deshonra ya estaba hecha, no habría 1000 goles que cambiaran ese precedente. Fue correcto hasta donde la violencia le dejó, la primera vez con un gol de Sívori de Orsai lo dejó sin dos dientes a él y probablemente sin vida a Sívori; la segunda empezó con golpiza y terminó con grandes palabras:

̶ A Dios no le gusta el fútbol, pibe. Por eso este país anda así, como la mierda ̶

El fútbol los unía, pero los cagó a golpes hasta el cansancio; no existía justo medio entre la honra y la deshonra; era terminar en el baile con mujeres y privilegios, o colgado y destruido para siempre. Era un pueblo al que no se le permitía ni jugar, y así fue cómo, en los cuentos de Osvaldo Soriano, se cultivaba la identidad futbolera en Argentina hace más de medio siglo.

Osvaldo Soriano con la camiseta de San Lorenzo en 1991
Osvaldo Soriano. Extraído de El Grafico




Para Herminio Silva y Gallardo Pérez, quienes perdieron siempre.

Gracias Osvaldo.





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