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No es sólo patear una pelota: Osvaldo Soriano

Actualizado: 7 mar 2021

De un amante tan expreso del fútbol no se podía esperar menos que historias igual de brillantes. Osvaldo Soriano fue un escritor y periodista argentino nacido en Mar del Plata el 6 de enero de 1943, amante tanto del fútbol como de San Lorenzo. En varios de sus cuentos nos muestra la influencia de dicho deporte en las extremidades del territorio argento durante los años 60.

Hoy hablaré de: El penal más largo del mundo.

El penal más largo del mundo
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Imagen extraída de: Wikimedia. Osvaldo Soriano, 1981

En El penal más largo del mundo el tema principal es la lucha de clases en un contexto de resignación total ante la fuerza. Aquí, la simple esperanza de ganar ya es un factor significativo para la vida de quienes protagonizan estas historias. Elementos como la derrota y el honor son representativos en el entramado de los relatos a la hora de entender la forma en que se cultivaron las ideas de los personajes.

El cuento se desarrolla en una época cargada de mucha violencia en el territorio argentino debido a los distintos intentos y golpes de estado los años 50 y 60. Y dicha época fue principalmente marcada por la popularmente llamada ‘Revolución fusiladora’ de movimientos peronistas.


El penal más largo del mundo cuenta la historia de un equipo de provincia que cada año convive con la derrota como una cotidianidad, manteniéndose en los últimos puestos de un campeonato de 16 y celebrando con euforia cada mini victoria como terminar treceavos en el torneo. Pero en el año 58 no sería igual, empezar ganando 4 partidos seguidos era sorprendente, aunque los resultados fuesen bastante discretos y no ganando por más de un gol se creó una expectativa en torno al momento en que dicho equipo chico, donde jugaban los mismos y de ser el caso jugaban los hijos de estos, perdiera.


Fue mucha la sorpresa cuando al final del otoño tenían 21 puntos y eran segundos a uno de Deportivo Belgrano. Para este tiempo los jugadores eran tratados como héroes “Eran la atracción y en el pueblo se les permitía todo. Los viejos los recogían de los bares cuando tomaban demasiado y se ponían pendencieros; los comerciantes les regalaban algún juguete o caramelos para los hijos y en el cine, las novias les consentían caricias por encima de las rodillas.”


Estrella Polar era el tema de conversación en todos los sitios en donde se escuchaba la palabra futbol. Al terminar la primera ronda, Estrella Polar sintió su lugar común en el torneo cuando perdió 7-0 con el campeón de siempre, Deportivo Belgrano. En ese momento todos creyeron que volvería la normalidad y Estrella Polar entraría en su decadencia común. Pero no, el campeonato transcurrió y tendría que definirse en la última fecha entre Deportivo Belgrano y Estrella Polar, en la cancha de Belgrano.

El empate consagraba a Deportivo Belgrano y así era el resultado, un 1-1 dirigido por un epiléptico Herminio Silva que hasta el minuto 42 del segundo tiempo protegía los valores éticos de su oficio y a pesar de las insistencias locales para pitar un penal, Silva no lo hacía porque no era lo correcto. Regalar algo en esa situación no era necesario. Pero no fue tan así cuando el puntero izquierdo de Estrella Polar clavó un tiro libre en la escuadra, el árbitro recordó su trabajo como repartidor de boletas en el club local y no dudó un solo segundo en pitar penal cuando el primer jugador de Belgrano pisó el área de Estrella Polar. Pero el tipo no pudo ni levantar le pelota para el penal cuando de un cachetazo del Colo Rivero lo dejo knock out. La noche llegó y no hubo quién parara la pelea ni parara a Herminio. La liga decidió cobrar el penal el domingo siguiente, pero sin público; el duelo sería entre el Gato Díaz y Constante Gauna, uno el portero y el otro shoteador a falta de 20 segundos para el final.


Aquí es donde empieza el verdadero reto de los perdedores en contra de la fuerza. La fuerza que ataca desde afuera representada en la obligación de no perder un empleo, por parte del árbitro, y el honor por parte de Constantine Gauna; pero también de adentro del Gato Díaz, quien estaba ante la posibilidad de consagrarse y por ende de obtener el amor que le había sido negado por la rubia Ferreira o vivir en el fracaso, como siempre.

Sin saber que era un engaño, el Gato Díaz cargó con la esperanza de gloria de las personas que en algún rincón de Río Negro, a las afueras del pueblo, esperaban escuchar qué ocurría al mejor estilo del juego teléfono roto. De voz a voz se sabría qué pasaba con el penal, que no era sólo un penal, ni un gol, ni un campeonato, era toda una lucha de clase.


¿Por qué digo esto?

Alejandro Apo, de una hermosa forma narró este cuento alguna vez, pero le cambió un detalle al final. -Años más tarde, cuando el gato era una ruina y yo un joven insolente me lo encontré otra vez a 12 pasos de distancia y lo vi inmenso, agazapado en puntas de pies, con los dedos abiertos y largos, en una mano llevaba un anillo de compromiso que no era de la rubia Ferreira. Era de la hermana del colo Rivera que era tan vieja e india como él. Evité mirarlo a los ojos y le cambié la pierna después tiré de zurda abajo; sabiendo que no iba a llegar porque ya estaba viejo y le pesaba la gloria. Cuando fui a buscar la pelota dentro del arco estaba levantándose como un perro apaleado y me dijo: “Bien pibe, algún día vas a estar contando por ahí que le hiciste un gol al Gato Díaz, pero nadie te lo va a creer.”-



Es un cambio corto, y puede ser significativo, pero no cambia el mensaje fondo que el cuento tiene. El gato no le dice eso en el cuento, el gato dice: “Bien pibe, algún día vas a estar contando por ahí que le hiciste un gol al gato Díaz, pero ya nadie me va a acordar de mí.” En el primero el sigue sintiéndose memorable por sus hazañas, aquí ya no, y sabe que su hazaña significó algo más importante para su entorno que su propia desdicha y olvido.

Pero no sólo esto, Hernán Casciari en su sección de Telefe cuentos inolvidables, tuvo la oportunidad de narrar este mismo cuento de Soriano. Pero él lo cambió mucho más que Apo, en su relato el gato no tuvo ni dos segundos de gloria, uno sí, mientras atajó el penal, pero tras imaginarse vivir un sueño, Belgrano sacó el córner rápido y Gauna marcó de cabeza.


-Después del partido, el Gato Díaz colgó los botines y desapareció del pueblo, tres días después lo encontraron muerto en las vías del tren; dijeron que se había matado tras la humillación por la derrota, pero muy pocos sabían la verdad-


Este final cambia las cosas y deja la grandeza del Gato por el piso, porque en las anteriores narraciones el Gato sobreponía su dolor ante el júbilo del pueblo. Pero, en ninguno de los tres se pierde la esperanza de superar la situación de perdedor, ni en el amor, ni en la cancha.

El engaño de la rubia Ferreira fue el precio que tuvo que pagar el Gato Díaz, y a cambio dio identidad a un pueblo que creyó en su heroísmo.

Lejos, pero no tan lejos, Herminio Silva terminó desgonzado y casi muerto por su labor, sólo por proteger los valores éticos de su oficio durante 89 minutos, probablemente a él y al Gato Díaz les habría gustado que pitaran los tres penales que le pedía el Deportivo Belgrano. Su desgracia fue la euforia de los demás, el bien común por medio de la pelota se sobrepuso a Herminio y al Gato en símbolo de la identidad futbolera, siendo gran representante de ideas que podemos encontrar en Gallardo Pérez, referí, pero esa historia es cuento de otro día.


Gracias Osvaldo. Hasta una nueva ocasión



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