#EnContexto

Libia Stella Gómez: La segunda directora colombiana en exhibir una película en la pantalla grande

La santandereana es una de las mujeres más influyentes en la historia del cine colombiano femenino. Ha dirigido tres películas, entre las que se resalta “Un tal Alonso Quijano” por ser el primer filme de la Universidad Nacional. Actualmente, es profesora en esa institución y espera seguir creciendo en la industria del séptimo arte.


Libia, al comienzo, no decidió estudiar Cine y Televisión. “Fue una cosa que ocurrió en la vida”, confesó desde la otra pantalla en Zoom. Nació en Socorro, Santander, en 1974. Se fue a la capital, como hacen varias personas, para empezar su vida profesional. Era actriz de teatro. Intentó abrirse camino en la industria en un mal momento, ya que no había casi escuelas, la única era la ENAD, pero había cerrado. Trataba de sobrevivir en Bogotá porque pasó hambre, estaba desesperada y esa fue la razón por la que le pidió ayuda a su papá, para mejorar su condición económica. Él le dijo que si estudiaba una carrera seria, en una buena universidad, le iba a enviar dinero. Aunque no encontró la carrera de teatro, le pareció que el “cine y el teatro eran como primos hermanos”. Fue así como decidió estudiar su pregrado en la Universidad Nacional de Colombia. La UNAL es su casa. Allá estudió el pregrado y tiene un Magíster en Teoría e Historia del Arte y Arquitectura. Trabaja hace 10 años como profesora.


A pesar de que su carrera fue una posibilidad para sobrevivir, el cine la capturó, nunca esperó eso, se quedó ahí y la experiencia del teatro la ayudó mucho. Uno de sus directores favoritos es Víctor Gaviria, ella lo define como su héroe. “El mejor director que tiene y ha tenido este país”, dice con una profunda admiración y respeto. Opina que las películas de “Rodrigo D. No futuro” y “La vendedora de Rosas” partieron la historia de dos del cine colombiano.


En los primeros minutos de la entrevista, define a un buen director de cine como la persona que tiene una sensibilidad artística y resalta que debe tener una experiencia actoral. Con base en lo anterior, su referente en el exterior fue el español Luis Buñuel con su película “Los Olvidados”. Le encanta su actitud cinematográfica y puntualiza que su cine es respetuoso con el espectador porque busca que piensen. Ella le ha copiado esa idea a Buñuel en sus largometrajes.


Su experiencia en los largometrajes


Ha dirigido tres películas: la primera es “La Historia del Baúl Rosado” (2005); su segunda es “Ella” (2015); la tercera y más reciente “Un tal Alonso Quijano” (2020). Dirigir su primer filme fue muy difícil. Tardó ocho años en conseguir la financiación, se rodó en 2003, costó un millón de dólares y, en ese tiempo, ninguna película había costado esa cantidad de dinero. Tuvo un productor increíble, se llama Federico Durán, compañero de la UNAL, gracias a él la cinta se pudo hacer porque se logró “levantar” ese dinero. Ella retrata su experiencia así: “Fue difícil que me creyeran siendo mujer directora en esa época, hoy en día es más fácil”. Aunque algunos de los actores de “La Historia del Baúl Rosado” ya tenían varios años en la industria, confiaron en ella. Con esta producción se convirtió en la segunda directora colombiana en lanzar un largometraje de manera comercial.


Libia describe “La Historia del Baúl Rosado”, como un “Thriller a la colombiana” porque el detective Corzo, el personaje principal, no es el más galán. Es temeroso de su mamá, le tiene miedo a las mujeres y a los cadáveres. Gómez, desde la comodidad de su casa, afirma que lo importante en esa película es que el detective Corzo pueda salir de las cárceles de su propio encierro como ser humano.


Ahora habla sobre su segundo largometraje. “Ella”, que narra la historia de dos ancianos: Georgina fallece y su esposo, Alcides, decide darle un entierro digno puesto que ella se lo merece, pero el problema es que un entierro cuesta mucho dinero. La película fue hecha en blanco y negro dado que si se hacía a color se iba a ver la discriminación y la marginalidad a todas luces en Ciudad Bolívar y la directora no quería hacer énfasis en esos temas. Se quería centrar en la dignidad. “Es una historia de amor después de la muerte”, expresa con una sonrisa nostálgica.


Su última película, “Un tal Alonso Quijano”, se estrenó en el mes de julio en plena pandemia. Fue la primera producción original de la Universidad Nacional de Colombia. Cuenta que la idea para hacerla surgió en una clase de su pregrado, llamada Cervantes y el Quijote. Su profesor llegaba como el Quijote de la Mancha, recitando los textos de la obra. Ella empezó a fantasear con ese proyecto, por cada lugar, se imaginaba a Rocinante, el caballo de Don Quijote, por el Cementerio Central, luego en el transporte público. Quería traer a Don Quijote y a Sancho Panza a las calles bogotanas.


Este filme se hizo con estudiantes. La directora cuenta que “los chicos dieron el 300% en esa película”. Es una película muy loca porque se fusiona el punk con la obra Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra. En sus anteriores producciones no había tenido tantos espectadores como ahora: 500.000 visualizaciones. “Es un número que ni habría soñado”, dice. En cambio con la “La Historia del Baúl Rosado” tuvo 24.000 personas.


La directora de entrada quería hacer un musical. Pensó primero en el rock social, pero se dio cuenta que la gente no se viste diferente. Necesitaba desde el punto visual algo que rompiera. Se encontró con el Punk, que tiene varias vertientes y una de ellas es el punk contestatario, “llamémoslo protesta” menciona ella, para expresarse mejor. Esa actitud rebelde que tienen tanto los universitarios servía mucho para instalarlo. El punk lo utiliza “para despertar al que se quedó dormido, o al que no le gustan los textos del Quijote”, aunque ella hace énfasis en que le encanta esa escritura.


Los dos personajes principales en esta obra usan máscara. Esta metodología se utilizó porque falleció el actor, Manuel José Sierra, quien interpretó a Don Quijote. Pero funcionó, ya que entra a jugar el papel de que Don Quijote y Sancho Panza usan careta, puesto que no quieren asumir la vida. El primero, ya que se siente culpable por la muerte de su mujer; el otro, puesto que quiere volver a ser bibliotecario en la universidad.


Luego, la directora opina cómo ve el cine colombiano a nivel internacional y cuáles han sido las luchas. Con tantos años se ha logrado la lucha de las leyes que permiten la financiación del cine colombiano. Siente que hace falta difusión en el cine colombiano porque si no el público no se entera. Las distribuidoras deben creer más en el cine colombiano.


Gómez ve muy bien la industria colombiana a nivel internacional, lo único que lamenta es que se crea que solo hay un tipo. Se piensa que solo hay películas que hablan de la marginalidad y pobreza. Esto se retrata en el concepto de la “pornomiseria” el cual se resalta en Europa. Pero ella asegura que este cine tiene más cosas, diferentes historias y perspectivas. Por esta razón la directora cree que las que películas nacionales se están viendo afuera y es importante.


Sobre las mujeres en el cine


Ahora, se toma el nuevo tema: El papel de la mujer en la industria. Ella opina que todavía hay pocas mujeres en cargos de liderazgo, aunque a la vez existen muchas en capacidad de asumir cargos importantes. Además de Camila Loboguerrero y ella hay 12 directoras con películas estrenadas. Pero ahora se trabaja en buscar política estatal para promover el género femenino. “Desde las Universidades hay que empoderar a las chicas y dar un voto de confianza, porque vamos a seguir ocupando cargos de liderazgo y ese es el camino”, dice con entusiasmo.


Le gustan “Los días de las ballenas” de Catalina Arroyave Restrepo y “Matar a Jesús” de Laura Mora Ortega. El cine femenino está repuntando bastante bien. También, admira a Camila Loboguerrero, primera mujer en poner una película en salas de cine, ahora, lucha por la causa de las mujeres y por el pago de los derechos a los directores. Es una pionera en el cine femenino colombiano.


Hablando de la nueva “normalidad” y su rol como profesora, le queda difícil trabajar con sus estudiantes. La universidad no presta los equipos, por lo tanto les toca trabajar con lo que tengan. Y en sus casas, los familiares están siendo actores naturales. “Yo enseño Dirección de actores, imagínate aprender esa materia sin autores, es muy complicado”, declara con desespero. Pero su deseo, como el de la gran mayoría, es que esto se acabe y se pueda volver a las salas de cine.


Para terminar, actualmente hace un doctorado en la UNAL. Su proyecto de grado es sobre el punto de vista y la mirada en el cine colombiano. En sus planes tiene pensado hacer 7 películas, por eso ahora busca financiación para realizarlas. No sueña con ganar premios, solo hacer sus obras, en este momento tiene tres y se siente joven. “Ya estoy triunfando”, comenta después de sonreír a la cámara.



#EnContexto