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La Sucursal del Cielo Gringa

Solicitar intervención en asuntos estrictamente nacionales deja la soberanía colombiana como un chiste.

Artwork proveído por Estefanía Castañeda


En la mañana del jueves pasado surgieron unas declaraciones que no se pueden dar por desapercibido. Antes de entrar en materia, quiero que usted lector se haga una idea sobre mi posición personal: no hay nada que me haga hervir más la sangre como una figura política sugiriendo intervención de otro Estado en asuntos que son meramente nacionales. Jorgito, el alcalde de Cali, le solicitaría a la Fiscalía General de la Nación el “acompañamiento del FBI en esa investigación”, las masacres, u “homicidios colectivos” (terrible concepto), en Llano Verde.


Debido a que lo importante aquí es explicar primero las posibles buenas intenciones de Ospina al realizar dicha petición, aceptaré que desde ese punto de vista el Alcalde está buscando asegurar justicia frente a lo sucedido, ya que para muchos la Fiscalía es un poco (muy) incompetente. Ahora que ya lidiamos con este débil argumento, podemos por fin referirnos a lo importante del hecho.


Como internacionalista en formación, las implicaciones de pedir la presencia extranjera me alarman, pero más allá de eso, es que esta presencia sea específicamente ligada a un Estado. Por ejemplo, en muchos casos, Estados de la región del MONA (Medio Oriente y Norte de África) han sido asistidos internacionalmente por la violencia que se presenta en ellos, pero la intervención es dada por organismos interestatales como las Naciones Unidas, no la agencia estatal estadounidense. Analógicamente cabe preguntarse entonces, ¿Qué trae consigo la propuesta de Jorgito?


El sistema judicial colombiano como insuficiente


Parte de lo que se haga y se diga tiene influencia a nivel internacional. Los alcaldes, gobernadores y el gabinete de presidencia, al ser los representantes del pueblo, se encuentran en una posición donde sus acciones tienen una relevancia superior. Al igual que Duquesito, el Presidente actual, ha realizado sus “cagadas” públicamente, como la P mayúscula de Polombia que tanto se necesita, lo anunciado por el Alcalde caleño genera una repercusión en cómo queda el país frente a otros Estados. Es decir, como una chancla. El caso de Duque genera en su mayor parte risas, pero para Ospina se entiende con un trasfondo que no es para nada gracioso.


Pedir ayuda, como se explicó anteriormente, no es necesariamente algo negativo, pero acerca del tema en cuestión hay 2 motivos que pueden ser percibidos como un problema, o mejor, lo son: que la ayuda sea para un caso judicial y que se le quiera pedir a un Estado en particular. En primer lugar, con la indicación de Ospina se está dejando claro (con o sin intención) que no se le tiene confianza al sistema judicial del país. Cabe aclarar que es bien sabido que no tenemos el mejor Fiscal, ni la mejor tasa de éxito en los casos penales (adicionado la larga duración que suelen tener hasta que se dé un fallo), pero aun así tenemos un sistema judicial que funciona continuamente. En el momento que la noticia llegue a medios internacionales, porque la recepción foránea de todo lo relacionado con Llano Verde ha sido exitosa, se pueden imaginar los posibles encabezados: Alcalde colombiano desconfía en la capacidad judicial del país, prefiere recurrir a agencias estadounidenses.


Soberanía por la borda: declaración como un tipo de intervención


Dando un poco de Relaciones Internacionales 101: la soberanía es una característica fundamental del Estado, y por ende el gobierno debe estar enfocado en la protección de esta. Según recuerdo, la definición que mejor visibiliza esto es la soberanía positiva (el alcance del Estado dentro de su territorio) y soberanía negativa (límite de este alcance por fuera de fronteras nacionales). En el caso en concreto, y en segundo lugar, la soberanía colombiana se ve amenazada por la propuesta de Iván Ospina, en donde esos límites (a veces imaginarios) se empiezan a difuminar con la injerencia del FBI.


Más allá de esto, y contrario a la posible posición de que una propuesta no es una forma de intervención, hay un concepto conocido como “el espectro de intervención”. A través de este, se plantea que la intervención no solo se visualiza en la forma de invasión militar, sino desde la forma más mínima, que son las declaraciones. A pesar de que las declaraciones intervencionistas son dadas por un actor externo al Estado en cuestión, la línea lógica puede ser aplicada también en este caso de una manera un poco diferente: se está pidiendo una intervención, lo que se puede ver incluso peor.


Estoy en total desacuerdo con la propuesta del Alcalde y sostengo firmemente que esta no es la forma en pedir justicia frente a la terrible situación que se dio hace poco e hice referencia a ella en la columna de la semana pasada. Cuando las investigaciones judiciales, en temas específicos de jurisdicción nacional, empiezan a depender de entes extranjeros hay un gran problema en el poder autónomo del Estado. La justicia se alcanzará principalmente por la presión que se le ha dado a la masacre (sí, masacre porque eso es lo que fue) por parte de la población. La intervención, simplemente no debería ser una opción y es irresponsable, e incluso ignorante, por parte de Jorge Iván Ospina.

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