#EnContexto

La guerra contra las drogas y el abandono estatal

Estados Unidos, ¿un verdadero aliado?


A inicios de este mes Estados Unidos nos otorgó por un año más la certificación como Estado aliado en la guerra contra las drogas. A través del International Narcotics Control Strategy Report, el Departamento de Estado entregó al congreso estadounidense el documento que recopila toda la información de los avances contra el narcotráfico en los Estados que se posicionan como los mayores productores de drogas como cocaína, marihuana y heroína. Le traemos un resumen de los aspectos más importantes (y preocupantes) del reporte.

Cultivos de coca en mayores productores. Fuente: INCSR, Departamento de Estado.


De acuerdo con lo planteado por el Departamento de Estado, se recuerda el compromiso del Gobierno de Iván Duque para reducir en un 50% los cultivos ilícitos en Colombia antes de 2023. Esto representa que no hayan más de 100.000 hectáreas en el país con este tipo de plantaciones y que la producción de cocaína se posicione debajo de 450 toneladas métricas. Para esto, el gobierno estadounidense insiste en la importancia de la fumigación aérea, claramente con glifosato, de forma que se dijo:


While the Government of Colombia has committed to re-starting its aerial coca eradication program, which would be a most welcome development, this program has yet to begin.

A pesar de que nuestro aliado del norte considera que Colombia se encuentra bastante dispuesto a hacer lo que sea necesario (para mantener a los gringos felices), el ahora expresidente Donald Trump identificó a Colombia, el 16 de septiembre de 2020, como uno de los mayor Estados productores de droga, junto a Bolivia, Jamaica y México. Esto sería respaldado por los datos del Departamento de Estado, en los que como se puede ver seguimos siendo líderes en el mercado ilícito.


Más allá del problema que es el narcotráfico en nuestro país, la certificación nos permitirá que el presupuesto anual que nos da Estados Unidos aumente en un 67%.


Presupuesto para control de narcóticos internacionales. Fuente:INCSR, Departamento de Estado.


Con esta nueva platica, Duque podrá aumentar el uso de glifosato en el territorio colombiano, pero ¿cómo nos afecta esto? La fumigación aérea ha sido chisme y problema en el país hace ya casi 40 años. La idea de llevar a cabo esta práctica es importada desde Estados Unidos, que al igual que otros productos gringos que han sido reconocidos por ser nocivos (ya sean cancerígenos o comida “plástica”), vienen de suelo extranjero a envenenarnos.


La relación tóxica


En la década de los 70´s el norte empezó a generar presión en Latinoamérica, y en especial en Colombia que ya venía con un fuerte Respice Polum, para fumigar cultivos ilícitos para su erradicación. La primera fumigación se realizó en 1978 cerca a la Sierra Nevada de Santa Marta con el herbicida paraquat (luego asociado con Parkinson y cáncer). A pesar que este programa auspiciado por EE.UU duró muy poco por un bloqueo en el congreso, a inicios de los 80´s con la presidencia de Ronald Reagan, empezaron las presiones a Colombia para utilizar glifosato.


Inicialmente Colombia se negó a aceptar la ayuda e imposiciones, sin embargo, en 1984 por la subida del narcotráfico el país termina aceptando. A parte de esto, y por las altas críticas de organizaciones medioambientales y campesinos, se realiza un estudio en conjunto por el Consejo Nacional de Estupefacientes (CNE) y el Instituto Nacional de Salud (INS), en donde se termina recomendando utilizar otros mecanismos para la erradicación de cultivos y resaltando las consecuencias negativas del uso masivo de herbicidas. Como esto es Colombia, el glifosato es finalmente aceptado por el Gobierno Nacional a pesar de las señales de alarma alzadas, con la excusa de monitoreo constante por toxicólogos y expertos. Este control nunca sucedió ¿Cómo se vió esto reflejado? Ahora la Sierra Nevada ha perdido el 80% de su flora, según la Corporación Autónoma Regional de Magdalena.


Los problemas no terminan ahí. En enero de 2020 la Agencia de Protección Medioambiental estadounidense (EPA, por sus siglas en inglés) considera el glifosato como un herbicida seguro y no cancerígeno, tras un estudio realizado en el norte. Frente a esto, Human Rights Watch (HRW por sus siglas en inglés) informa un sesgo en el estudio a través de un artículo en junio de ese mismo año. Según HRW, el estudio se llevó a cabo por la empresa Monsanto, hija de la ahora macroempresa Bayer, sin supervisión. La gravedad del asunto se puede evidenciar en que esta es la misma empresa que produce su patentado glifosato, y fue un gran donador en la presidencia de Donald Trump, quien seguía en la casa blanca para cuando salió el estudio.


Hay que recalcar que el gobierno colombiano no ha utilizado fumigación como única estrategia. Volviendo al informe del Departamento de Estado, se reconoce que se ha ejercido alto control a la venta de químicos utilizados en la producción de cocaína, como lo es el ácido sulfúrico y la prohibición de ciertos productos como la efedrina utilizada en la producción de metanfetaminas, para uso doméstico.


Los problemas continúan


El informe de inicios de este mes no solo nos pone contra la espada y la pared frente a la fumigación aérea, sino que invisibiliza la población indígena que utiliza la coca como práctica cultural y no para la producción de droga. En Colombia habitan alrededor de 102 comunidades indígenas, en donde la mayoría se considera el uso de la hoja de coca como patrimonio y práctica cultural. Recuerdo mucho que en un viaje hace algunos años a la región amazónica tuve la oportunidad de compartir un espacio con una comunidad indígena, en donde el líder de esta siempre tenía coca en su boca y nos explicaba cómo esta hoja es sagrada dentro de su cosmogonía y cercanía a la tierra.


El Departamento de Estado establece que el gobierno estadounidense asume que todas las plantaciones de coca y marihuana se destinan a la producción de drogas ilícitas, luego exportadas para el consumo de ellos mismos. ¿Dónde quedan nuestros indígenas ahí? Desde que fue publicado el reporte, muchos medios de comunicación principales resaltan el dinero que llegará a Colombia para combatir el narcotráfico, pero no se habla de las graves declaraciones de nuestro “aliado”. El cual, diferenciándonos de Perú y Bolivia en donde reconocen la práctica cultural indígena, nos pone como lo peor de lo peor, pero que por lo menos estamos intentando.


At least 89 percent of the cocaine samples seized in the United States in 2020 and subjected to laboratory analysis were of Colombian origin.

En todo esto podemos ver reflejado nuestra subyugación a Estados Unidos. Nuestros campesinos son dejados enfermos, sin cultivos, y con pocas alternativas para cambiar de cultivos ilícitos a otras prácticas agrarias. Además, no se menciona por ninguna parte el proceso de pérdida cultural que están conllevando la población indígena en el país. Aquí no pasa nada.


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