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#EnContexto

Inmunidad de rebaño



USAT (2020). Inmunidad del rebaño en el covid-19.

Después de siete meses de conocerse el primer caso de covid-19, en Colombia, pareciera que casi todo estuviera volviendo a su normalidad. La mayoría del comercio ya tiene el permiso para abrir, algunos colegios y universidades han vuelto a la presencialidad, el teletrabajo se redujo, hay varias UCIS desocupadas y, en sí, se percibe un sentimiento colectivo de relajación y resignación frente al virus. 


A la fecha, el SARS-CoV-2 le ha quitado la vida, aproximadamente, a un millón de personas y ha infectado a 39 millones en todo el mundo, esto equivaldría a 0,5% de la población mundial. A diferencia de algunos países europeos que ya pasaron por su primer pico epidemiológico, hay países como  Estados Unidos, India, Brasil y Rusia, con una tasa demográfica tan alta, que no han podido disminuir su registro ni en muertos, ni en infectados, es decir, aún no han llegado a un pico.


El coronavirus es la quinta causa de muerte más frecuente en el planeta Tierra y la segunda en Colombia. En este punto es necesario que las personas entendamos que, este virus no se ha ido. Lo realmente cierto es que sigue ahí, y que no se va a ir de un día para otro. Con o sin vacuna, el SARS-CoV-2 es muy fuerte y tan desconocido para el mundo entero; que es absurdo que pensemos que con seis meses de aislamiento su nocividad se iba a disminuir.  


Es muy importante que seamos conscientes de que afuera está el covid-19 y no distingue entre raza, sexo, ideología, credo o posición socioeconómica. El aporte más sensato y  contundente que podemos hacer es limitarnos a llevar a cabo la vida social que antes teníamos. Les aseguro que después habrá tiempo para las celebraciones y para el esparcimiento. Creo que es mil veces más razonable esperar por una fiesta, que contagiarnos y exponer a nuestros seres queridos. 


No podemos seguir pensando que al día siguiente de que aprueben una vacuna o se infecten  muchas personas todo va a volver a la normalidad. Una pandemia mundial primero, no es algo en lo que las autoridades estatales y la comunidad científica tengan mucha práctica y menos control, y segundo, el fin de la pandemia no está en una vacuna o en una inmunidad parcial como nos lo quieren hacer ver. Y es precisamente, este tema de la inmunidad de grupo o rebaño el que quiero que discutamos para esta oportunidad. 


La inmunidad de rebaño -de grupo o colectiva- ocurre cuando un gran porcentaje de la población se expone a un virus y se convierte inmune ante el. Una vez crezca el número de personas inmunes dentro de una comunidad, se intensifica la probabilidad de que la transmisión de este virus se reduzca. Científicos hacen uso del cálculo número reproductivo básico (R0) para estimar qué tan contagioso es cierto virus dentro de una población y así, saber cuántas personas se tendrían que infectar para llegar a la inmunidad. 


Según Brian Monchon, doctor en microbiología clínica, en declaraciones al portal web Banner Health, “en el caso de enfermedades menos contagiosas, el 50% de la población requerirá de inmunidad protectora para que se alcance la inmunidad de rebaño; en cambio, con enfermedades mucho más contagiosas, se requerirá de al menos un 80% de inmunidad protectora para lograr la inmunidad comunitaria”. Es decir, para alcanzar esto es necesario que millones de personas se contagien y que  mueran otras más. 


Bajo el supuesto de que las personas que sobreviven al virus tienen un efecto similar a quienes son vacunados, en tanto se hacen inmunes a contraerla en el futuro- es decir no les repite-, la propagación unánime del coronavirus podría aumentar la cantidad de muertos. El contagio de este se propaga de forma exponencial, en consecuencia, permitir la infección masiva traería un costo elevado de vidas humanas, que hoy por hoy, se han intentado proteger con las políticas públicas de salubridad (como el aislamiento preventivo).


De acuerdo con el Centro Cochrane Iberoamericano (CCIb), la teoría de la inmunidad de grupo no tiene en cuenta la capacidad en recursos en salud (instalaciones, personal médico, insumos, etc) que se tienen. “Sin control, la propagación del SARS-CoV-2 colapsaría rápidamente los sistemas de salud que conduciría no sólo a una mortalidad elevada por covid-19, sino también a una mayor mortalidad por todas las causas”, sostiene el CCIb.


No más la expansión del covid-19, en los primeros meses del año, dio cuenta de la profunda crisis de los sistemas de salud en todo el mundo. Ahora, pensar en el rebrote masivo sería completamente apocalíptico. Sin contar con la carga que lleva ya todo el personal de la salud, al tener que afrontar de forma directa esta pandemia. No podemos olvidar que muchos de ellos han muerto al haberse contagiado y otros más, enfrentan traumas al verse envueltos en una coyuntura tan extenuante. 


Aquí es pertinente recordar que el SARS-COV-2 es un virus nuevo para la comunidad científica, por ende, se desconoce su funcionamiento. Como puede que las personas sean inmunes a él por siempre, puede que la inmunidad solo dure un tiempo. Para el CCIb es muy arriesgado llevar a cabo esta teoría en tanto aún no existen estudios serológicos longitudinales -pruebas de seguimiento que comprueben la presencia o no de anticuerpos en la sangre- que evalúen la intensidad de la inmunidad al virus. 


Según la carta pública de los 80 científicos, en la revista The Lancet, nadie tiene claro por cuánto tiempo hay inmunidad contra el coronavirus, tras haber superado la enfermedad, ni cuánto demoran las secuelas a largo plazo. Esta encrucijada en el tiempo “puede llevar a una serie de nuevas oleadas de pandemia durante varios años y abocar a la población vulnerable a una situación de riesgo durante un tiempo indefinido”, aseguran los científicos.  


Tanto en las vacunas como en la inmunidad de grupo se pretende generar una medida preventiva que permita disminuir el contagio en las personas. Ahora, como se ha dicho, ni la vacuna, ni la inmunidad de rebaño garantiza que el covid-19 no regrese porque, simplemente es un virus tan nuevo que sería errado pensar que una vez superado el contagiado no vuelva a reincidir. Todos están trabajando sobre supuestos, por ende, es mentira afirmar que en este momento alguna de estas alternativas cause una inmunidad protectora para siempre. 


De acuerdo con Johnattan García, magister en Salud Pública y Salud Global, en declaraciones al portal de noticias de la Universidad de los Andes, la inmunidad “es el efecto que se produce cuando un individuo indefenso ante un patógeno es rodeado por una cantidad importante de individuos inmunes al mismo patógeno, proporcionándole protección indirecta. A mayor cantidad de población inmune, más difícil es que una persona susceptible entre en contacto con alguien infectado”. Ahora, como hemos visto alcanzar la inmunidad contra el SARS-CoV-2 termina siendo un asunto muy incierto en tanto es muy temprano para conocer los verdaderos efectos del virus. 


Bien sea por vacuna o de forma natural, la reacción al covid-19 es completamente impredecible, ya que obedece a  la respuesta  que cada organismo tenga sobre el virus. En ese orden de ideas, como afirma Johnattan García mientras no haya más información con respecto al virus y a sus efectos después del contagio, no se puede asegurar el resultado autoinmune de la población ante la exposición controlada”. 


La teoría de la inmunidad colectiva, propuesta  por un grupo de expertos en epidemiología y salud pública que firmaron la Declaración de Great Barrington como una propuesta para detener el daño económico causado por la pandemia; no tuvo en cuenta el número de personas que tendrían que morir para lograr esto, el colapso del sistema de salud y el hecho que no se conoce a ciencia cierta en qué consiste el SARS-CoV-2. 


Conforme con la postura de la carta de los 80 científicos, “controlar los contagios comunitarios de la covid-19 es el mejor modo de proteger nuestras sociedades y economías”. Hasta este punto podemos ser conscientes que por ahora ni las vacunas, ni la inmunidad del grupo son las mejores opciones para enfrentar esta pandemia. Pero medidas como el distanciamiento social y la cuarentena son soluciones reales que sí pueden ayudar a que el mayor número de personas estén protegidas. 


Para el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), jamás la salud pública mundial ha optado por la inmunidad colectiva como respuesta a una pandemia. Tedros Adhanom Ghebreyesus advierte, en declaraciones de prensa, que “dejar vía libre a un virus peligroso, del que no comprendemos todo, es simplemente contrario a la ética y no es una opción”. 


Según el documento publicado en la revista The Lancet este grupo de expertos creen que los gobiernos deben continuar con medidas que controlen la transmisión del virus y además, impulsar programas financieros y sociales que ayuden a mitigar las afectaciones de la pandemia, en especial para las comunidades más vulnerables y perjudicadas por la actual crisis sanitaria. 


Así las cosas, como lo mencionaba al principio lo mejor que podemos hacer es seguir guardando distancia. Aunque gran parte de  la  economía se mantenga activa es importante tener las medidas de protección pertinentes. No quiero decir que sea necesario que cierren de nuevo la mayoría de sectores económicos, pero sí es fundamental que las personas que no lo necesitan se queden en sus casas y en verdad eviten reuniones que lo único que generan es que la propagación se mantenga.

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