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Francia Márquez, una mujer histórica en medio de la violencia


Imagen diseñada por América En Contexto

El pasado 21 de julio, Francia Márquez reiteró su aspiración a la Presidencia de la República y anunció su adhesión al Pacto Histórico, la coalición política y electoral compuesta por partidos políticos y movimientos sociales de izquierda y centro izquierda.


La primera vez que Francia oficializó su aspiración a la presidencia fue en la pasada Convención Nacional Feminista, donde precisó que es necesario luchar contra la violencia sistemática y estructural que vivimos día tras día. No obstante, tras su nuevo anuncio, ahora es precandidata presidencial del Pacto Histórico y se disputará la candidatura oficial con Gustavo Petro (Colombia Humana), Roy Barreras (La Fuerza de la Paz) y Alexánder López (Polo Democrático), quienes son los únicos precandidatos hasta ahora.


Pero, ¿quién es Francia Márquez y por qué es tan significativa su decisión?

A sus 39 años, Francia Márquez Mina es una de las lideresas sociales, una de las defensoras medioambientales y una de las activistas de Derechos Humanos más reconocidas de nuestro país. Catalogada como una de las 100 mujeres más influyentes del mundo por el medio británico BBC en 2019, ha trabajado incansablemente por defender su territorio y los derechos humanos en el marco de la violencia, la desigualdad, la minería ilegal, los proyectos de extractivismo y el conflicto armado.


Para ella, una mujer afrodescendiente, feminista, racializada y que ha sido violentada, la única forma de ponerle fin a la política de la muerte que ha gobernado este país es integrando en la política los principios que se encuentran en la movilización, en la acción comunitaria, en el diálogo colectivo y en el saber de los mayores.

Tras ser galardonada en el 2018 con el Premio Goldman- un equivalente del Premio Nobel para los líderes sociales que han dedicado su vida a la protección del medioambiente-, ahora quisiera convertirse en la primera mujer presidente en la historia de nuestra nación y en la segunda persona afrodescendiente en gobernar el país; después de Juan José Nieto, el primer y único presidente afrodescendiente en la historia de Colombia.


“Contraviento y marea, a pesar del sistema patriarcal, clasista y racista que no funciona para las mayorías excluidas, vamos a empujar como pueblos; desde abajo, desde lo que tenemos. A mí todo el mundo me pregunta que cuál es el abolengo que yo tengo para atreverme a decir que quiero ser presidente de este país. Yo digo bueno, pues el que me dejaron mis ancestros y ancestras que lucharon por liberarse de la esclavitud. Y como esa tarea no se ha concretado, porque aún nosotros no vivimos con dignidad, seguir empujando para que eso pase es el desafío”,

manifestó Francia Márquez en el conversatorio ‘Mujeres Diversas, políticas y camino hacia la paz’, que realizó UR Intercultural el pasado 22 de abril.


“Seguimos, como colombianos y colombianas, sometidos a una barbarie y a situaciones de esclavitud en situaciones degradantes. Yo creo que el gran desafío es como cambiamos eso y por eso estamos aquí”, añadió la lideresa; connotando aquella fuerza, sensibilidad y claridad que la suele caracterizar.


Un poco más de su historia


Francia nació en el año 1982 al suroccidente de Colombia, en el departamento del Cauca, en la vereda de Yolombó, corregimiento de La Toma, Suárez. Su madre es partera, agricultora y minera, mientras su padre es agrominero y obrero. Creció en una familia extensa, donde la crianza era colectiva y no se limitaba a los lazos de sangre. Pues, según le comentó a la Revista Diners, los vecinos también hacían parte de la familia. “Aquí todo el mundo lo cuidaba a uno y si se portaba mal, cualquiera podía corregirlo”, expresó.


A los 16 años fue madre soltera y al terminar sus estudios escolares decidió partir a la ciudad de Cali a estudiar Técnicas en Explotaciones Agropecuarias en el SENA. De igual manera, allá comenzó a trabajar como empleada doméstica, tal y como lo fue su madre también en algún momento. Más tarde, comenzaría a estudiar derecho en la Universidad de Santiago de Cali. Día tras día despertaba a las cuatro de la mañana, leía, hacía sus trabajos, tomaba un bus hacía La Toma para trabajar, regresaba a Cali, estudiaba y dormía. ¿Su motivación? Aprender el lenguaje institucional y obtener los conocimientos necesarios para proteger a su pueblo, a sus territorios y a sí misma.


En general, su voluntad por ayudar a su comunidad se hizo evidente desde temprana edad. En los años 90, cuando tenía entre 13 y 15 años, Francia participó en la lucha contra la explotación minera y se manifestó activamente para evitar que una multinacional dañara un río fundamental para su comunidad. "Yo empecé desde los 15 años apoyando a las comunidades que estaban protestando para que el río Ovejas no fuera desviado a la Salvajina. Eso fue en 1995 y desde entonces no he parado", le expresó a la revista SEMANA en el 2020.


Para Francia el territorio se debe cuidar como un espacio de vida y no simplemente como un espacio donde se puede obtener riqueza acumulativa. Por esto, ella y su comunidad prosiguieron a exigirle a la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) y a la empresa de energía EPSA reparar los impactos ambientales y sociales que había causado dicho megaproyecto.

Aparte de esta labor, la hoy pre-candidata presidencial denunció desde estos años el racismo y las violaciones de DDHH que ocurrían dentro de la comunidad de La Toma. En el 2009, por ejemplo, comenzó un proceso de lucha y resistencia con el fin de evitar que las comunidades afrodescendientes del lugar fueran desalojadas forzosamente y defendió el derecho que tenía la comunidad a la consulta previa frente a la explotación de su territorio.


Según ha comentado Francia en diversas entrevistas, este hecho fue el que la decidió a estudiar Derecho. Pues fue con esos primeros conocimientos, y con el abrigo de otros abogados que interpuso una acción de tutela ante el Tribunal de Popayán. Lastimosamente, esta se falló en contra y, pese a que apelaron como comunidad, la Corte Suprema volvió a negarles el reclamo en una segunda instancia. Fue hasta diciembre de 2010, tras una larga labor documental y tras ayuda externa, que la Corte Constitucional falló a favor de la comunidad, reconoció el territorio ancestral y ordenó la suspensión de los títulos mineros.


Su victoria resultó agridulce: tras ganar la tutela la comunidad la eligió como representante legal del Consejo Comunitario de Comunidades Afrodescendiente en el 2013, pero dado a su labor de oposición, ella y otros líderes sociales y miembros del Consejo empezaron a recibir amenazas por parte de grupos paramilitares como las Águilas Negras y los Rastrojos. En el 2014, fue desplazada de su territorio ancestral y junto con sus hijos fue declarada objetivo militar.


Pese a tales circunstancias, Francia no se detuvo. Este mismo año lideró y participó en la llamada Marcha de los Turbantes, la cual se realizó desde el norte del Cauca hasta Bogotá. Ella en compañía de más de ochenta mujeres y un grupo de jóvenes llegaron a la capital solicitando al gobierno garantías y protección para la comunidad. Al no ser escuchadas, se tomaron el Ministerio del Interior por varios días como una forma de pedirle al gobierno acción inmediata.


También en el 2014, esta defensora de derechos humanas viajó a La Habana, Cuba como una de las representantes de las víctimas en la mesa de diálogo entre el gobierno y la guerrilla de las FARC. Allá buscó cumplir la responsabilidad de visibilizar el sentir de las comunidades negras y afro y de comunicar lo que estas esperaban de aquel proceso de paz. Un año después, obtuvo el premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos y tres años más tarde, en el 2018, fue candidata al Congreso de Colombia por el Consejo Comunitario del Río Yurumangui además de ser la ganadora del Premio Ambiental Goldman.


“Soy parte de quienes luchan por seguir pariendo la libertad y la justicia, de quienes conservan la esperanza por un mejor vivir, de aquellas mujeres que usan el amor maternal para cuidar su territorio como espacio de vida; de quienes alzan la voz para parar la destrucción de los ríos, de los bosques y los páramos; de aquellos que sueñan en que un día los seres humanos vamos a cambiar el modelo económico de muerte para darnos paso a construir un modelo económico que garantice la vida”,

manifestó Francia Márquez en su discurso de aceptación.


Sin importar la dificultad

Pese a estos logros, no todo ha sido color de rosa. Además de las múltiples amenazas que ha sufrido a lo largo de su trayectoria, por lo menos seis veces ha sufrido atentados de muerte. El último atentado que vivió ocurrió en mayo del 2019, cuando dos hombres armados con pistolas y granadas ingresaron a una reunión que la líder presidía en Santander de Quilichao. Por suerte, Francia alcanzó a esconderse de las balas.


“Colombia tiene el récord mundial de asesinatos a líderes ambientales. Nos enfrentamos a un Estado mezquino dirigido por personas que no quieren ceder en sus privilegios, a un país que condena y extermina a quien piensa diferente”, le comentó Francia Márquez al diario El País.


A nivel mundial, Colombia es el país con más asesinatos a líderes y lideresas defensores del medio ambiente, de acuerdo con el informe de Global Witness de 2020. Según da cuenta el documento, 64 activistas ambientales fueron asesinados en el país durante el 2019. Por su parte, a nivel general, 67 líderes sociales y defensores de derechos humanos han sido asesinados en lo que va de este 2021, según Indepaz.


A pesar de esta situación, Francia nunca se ha amilanado. Por el contrario, parece ser que, pese al peligro, la injusticia que antecede y perpetua estos hechos la llevan a querer movilizarse y hacer más. Es por esto que con firmeza confirma que se someterá a un proceso electoral para ser la próxima presidente de esta nación.


“Yo no decidí ponerme públicamente siguiendo un proceso electoral porque sea tan bueno. No es bueno. Y no es bueno porque uno se somete a agresiones, a maltratos, a estigmatización, a señalamientos; somete a su familia a muchas situaciones, así que no es bueno y no es fácil. Pero, ¿qué otro camino tenemos?”

“Yo prefiero colocar mi nombre ahí, sabiendo que lucho con toda mi fuerza e invito al pueblo a luchar con todas sus fuerzas y a cambiar esto, antes que quedarme haciendo nada y esperando que nos maten en el territorio sin hacer nada. Este es el desafío que tenemos y yo creo que es desde ahí que nos paramos. No es fácil, pero tampoco será imposible. Yo creo que somos los pueblos, las mayorías quienes debemos unirnos. Y las mayorías somos nosotros los excluidos, nosotros los violentados: nosotros a quienes no les garantizan los derechos básicos en este país”

exclamó Francia Márquez, con voz quebrada, en el conversatorio ‘Mujeres Diversas, políticas y camino hacia la paz’.


En pie de lucha

Para ella, el estallido social que ha aconteciendo va más allá del uribismo. De acuerdo con lo que le comentó a Blu Radio el pasado 29 de abril, el uribismo efectivamente es un problema porque ha profundizado lo que ella denomina como una política de la muerte. No obstante, no ha sido el único problema. Según su perspectiva, lo que está sucediendo actualmente es que a través de la movilización se está exigiendo la transformación estructural de un modelo económico y de gobierno que ha expropiado y que sigue deshumanizando todos los días a las mayorías del país.


“Aquí le estamos apostando con claridad a sacar la violencia que hoy sigue imperando en los territorios. Le estamos apostando a garantizar la paz, y no la paz del discurso político. Sino aquella paz que nos permita vivir tranquilos, que nos permita andar sin miedo. Aquí hay cambios estructurales que se deben hacer y que no deben limitarse hacerse solo entre partidos y sectores políticos privilegiados, sino que deben hacerse en conjunto con el pueblo. Para ella, el cambio se debe ser con las mujeres, con los negros, con los indígenas, con los campesinos, con los jóvenes, con las víctimas”,

explicó Francia Márquez en la entrevista.


Esta mujer ha luchado toda su vida por los derechos humanos y ambientales, y en este caso no será la excepción. Por tal, seguirá clamando por justicia, seguirá condenando las violaciones a los derechos humanos y buscará ganarles a sus contendores desde la filosofía sudafricana Ubuntu con la que aspira a ser presidente: “soy un eslabón de la cadena y la cadena no se rompe aquí. Soy porque somos”.

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