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En pie de lucha contra el conflicto: Una paz feminista

En la guerra interna que vivimos, convencionalmente la lucha es pensada y abordada desde una perspectiva masculina. Sin embargo, La Paz es asociada y dirigida hacia las mujeres, la cual en muchas ocasiones se llega a representar por imágenes de una o varias de nosotras, convirtiéndonos en un simbolismo de esto. Una asociación genérica de La Paz con las mujeres y una tradicional masculinización de la guerra.


Teniendo en cuenta todo esto, vemos cómo las armas son entregadas a manos de hombres y estos son los que deciden a quienes las reparten para su uso y educan para que la violencia sea un elemento fundamental desde ese momento, reconociendo esta violencia como una manera legítima de comunicación, enfrentamiento, resolución de conflictos y hasta un estatus de dominación. Aquí es donde viene un término esencial para este tema y es: El patriarcado armado.


El patriarcado armado es la asociación de guerra a manos de hombres en las interacciones entre militarismo y masculinidad, en la que conlleva a una serie de violencias tanto en el conflicto armado como en la vida doméstica y social que les rodea. Intensificando la situación de mujeres frente al conflicto armado, puesto que se presentan los mayores casos de violencia de género y la opresión en la libertad y en la igualdad de derechos. Siendo los cuerpos feminizados un ente de refugio para las nuevas guerras, donde a flor de piel se vive la violencia sexual como herramienta de dominación contra el oponente/enemigo.


Asimismo, por el supuesto papel de género establecido socialmente, las mujeres deben ser un "no o un erradique a la guerra", ya que cumplen un rol de sanadoras, cuidadores, sujetos que dan calma y estabilidad en cualquier circunstancia en la que estén. Es claro que en muchas luchas protagonizadas por mujeres se basaron en la imposición de género establecida en el cuidado, tenemos que ser muy radicales y acordarnos de la frase, mejor dicho el lema que nosotras como feministas hemos escuchado a lo largo de nuestro activismo y es "Ni guerra que nos destruya, ni paz que nos oprima". Simplemente con esto se puede solucionar todo lo de este párrafo, mostrando que nosotras como mujeres decimos no a la guerra, pero basta con la estructura social que sostiene y aplica las ideas de sociedad militarizada y patriarcal.


Nuestra lucha feminista no se basa únicamente en el dolor y la rabia que deja nuestra guerra interna, destruyendo a nuestra gente y a nuestra tierra, tampoco en que nosotras seamos las víctimas con mayor sufrimiento en la violencia. Simplemente ponemos sobre la mesa un manifiesto, donde la idea central es que La Paz unida con nuestro grito clama una sociedad justa basada en la equidad y en una resolución de conflictos frente al diálogo. Seamos conscientes de generar un cambio y trabajar por cambiar las estructuras que fomentan los conflictos, construyendo alternativas de vida digna y libres de opresión.


La factura de nuestro país contra la violencia gubernamental, paramilitar, guerrillera y del narcotráfico debe cobrarse ya. Las violaciones de derechos humanos no afectan del mismo modo a todxs, pero debemos luchar juntxs y combatirlo. Recuerden siempre que el conflicto genera para nosotras unos riesgos muy específicos basados en el género, siendo la violencia sexual ejercida por la fuerza pública, paramilitares y guerrillas, los desplazamientos forzados de cualquier tipo y los abusos, ataques y amenazas a nuestras lideresas, que luchan por cambiar y defender nuestros derechos humanos siendo oprimidas. Debemos luchar juntxs para hacer un cambio, la revolución va de la mano con el pueblo y este debe estar siempre unido a una vida libre de violencia abusiva para todxs.

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