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El cinismo de celebrar el día de la mujer cualquier día del año

Mientras vamos marchando, marchando, gran cantidad de mujeres muertas van gritando a través de nuestro canto.

Oppenheim. Fragmento del poema “Pan y Rosas”.



Foto por: Paula Valentina Rodríguez

Han pasado casi dos meses desde el día del año que destina el mercado, la sociedad y los hombres para enviarnos flores, mensajes de “feliz día” y repetir la insufrible canción de Ricardo Arjona, “Mujeres”. Pero entre todas las imágenes que vi sobre la ‘celebración’ del Día Internacional de la Mujer el pasado 8 de marzo hubo una que me llamó especialmente la atención, decía: ¡Qué maravillosas somos las mujeres! Nos llenamos de fuerza y nos echamos sobre los hombros las cargas ajenas, las llevamos con valentía al final del día, agotadas y exhaustas.


A partir de este mensaje me gustaría que todas las mujeres nos preguntemos ¿es este día uno para celebrar que seguimos siendo el género oprimido, que seguimos cargando las responsabilidades de los demás y que seguimos teniendo que luchar para ser reconocidas como sujetos independientes? Para mí, no. El 8M no debería celebrarse, debe conmemorarse y ser una oportunidad para seguir reclamando derechos que aún nos son negados.


Para empezar, es preciso hacer un recuento de tres hechos que dieron origen a este día y que le atribuyeron su carácter de exigencia y conmemoración. El primero sucedió el 8 de marzo de 1857, en el que obreras del sector textil en Nueva York se declararon en huelga debido a las largas jornadas de trabajo de doce horas y los sueldos precarios que recibían a cambio. Sin embargo, esta protesta fue reprimida por agentes de policía.


Medio siglo después, en el mismo mes de marzo el panorama no había cambiado, más de 15.000 mujeres salieron a las calles de Nueva York con el fin de reclamar derechos como el voto, acceso a la educación superior, mejores condiciones laborales, mejores salarios o, al menos, equiparables a los de los hombres. Ni siquiera los sindicatos apoyaban estos reclamos, pues – como explica la historiadora Joan W. Scott – muchos obreros compartían la idea de que la estructura física de las mujeres no era apta para que fueran trabajadoras y no podían producir igual que ellos, así que apoyaban que los sueldos fueran desiguales.


El origen de este día también es resultado de un hecho doloroso: el 25 de marzo de 1911, 129 mujeres murieron – muchas de ellas inmigrantes – tras un incendio ocasionado en la fábrica Triangle Shirtwaist en Nueva York. Estaban encerradas debido a que era una manufactura clandestina con condiciones casi de esclavitud. Este mismo año se creó el movimiento “Pan y Rosas”, que buscaba mejores condiciones salariales y dignidad para las obreras.


Hoy en día, falta mucho. La carga que tienen las mujeres es más alta con respecto a la de los hombres en Colombia. Según un informe del Dane y de ONU Mujeres sobre la brecha de género, el 78% de trabajos no remunerados asociados al cuidado son realizados por mujeres. Además, diariamente el trabajo del hogar está repartido en 7 horas asumidas por mujeres con respecto a 3 horas por hombres.


Por más que tratemos de ponernos una venda en los ojos y ser tan cínicos como para agradecerles a las mujeres cada 8 de marzo por aguantar el rol de desigualdad en el que se encuentran, normalizándolo al igual que los demás días del año, los reclamos feministas nos recuerdan el actual panorama de Derechos de las Mujeres en el país. Nada más en enero del 2021 se registraron 55 feminicidios según el Observatorio Nacional de Feminicidios y de los 18.043 exámenes por presunto delito sexual que hizo Medicina Legal en 2020, más del 85% (15.462) fueron realizados a mujeres.


El camino para que las mujeres participemos equitativamente en la sociedad es muy largo y celebrar este día es desconocerlo. Solo si reflexionáramos sobre la opresión hacia las mujeres y buscáramos soluciones reales para equilibrar la balanza entre hombres y mujeres todos los días del año, podríamos celebrar el 8M ya que el objetivo estaría saldado. No queremos rosas, a menos que sean para conmemorar el movimiento “Pan y Rosas”, no queremos piropos ni el 8 de marzo, ni en la noche al volver a la casa. No queremos sus canciones, queremos vivir sin miedo.

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