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#EnContexto

Cuando el “deber” es la violencia


Foto por: Josh Hild

Uso indiscriminado de la fuerza, opresión, excesos y otras formas de llamarlo se refieren a lo mismo, abuso policial. Las manifestaciones y protestas han encabezado cientos de artículos de prensa, en estos lamentablemente siempre hay un apartado para los incidentes con la policía, muchos manifestantes a nivel mundial han terminado heridos y denuncian malos procedimientos por parte de los uniformados. ¿Qué pasa cuando estos episodios pasan en Estados democráticos que deben garantizar los derechos de los ciudadanos?, en las siguientes líneas espero explicarlo en los casos de Estados Unidos, Chile y Colombia en donde últimamente los denuncios de uso excesivo de la fuerza han aumentado en las diferentes manifestaciones.


En Relacione Internacionales, existe la “Teoría de la Paz democrática”, esta se basa en la promulgación de los valores de paz y la protección a como de lugar del bienestar y tranquilidad de la población en Estados con sistemas políticos democráticos. Estados Unidos, uno de los países que representa la democracia a nivel mundial, en el tiempo se ha visto señalado por el mal manejo de los casos en los que la policía hace malos procedimientos. Este problema está visibilizado mucho más ahora, todos hemos escuchado el movimiento “Black lives matter” (Las vidas negras importan) que busca generar conciencia sobre la manera en la que han sido afectadas las personas afro por el uso de la fuerza, pero la realidad es que es un problema histórico que afecta a más minorías.


No hay una fecha exacta sobre el primer caso de abuso policial en Estados Unidos, pero desde el año 1998 existe el programa “Estados Unidos de América: Derechos para todos”. El programa otorgaba un informe sobre los malos tratos en todo el territorio nacional en contra, en la mayoría de los casos, de afroamericanos, en esto se explicaban: palizas, disparos injustificados y uso de métodos de inmovilización peligrosos para reducir a los detenidos. ¿Se le hace conocido ese panorama?, luego de más de 20 años, estas escenas se siguen presentando, ya casi que, con normalidad, cada vez que hay una protesta social en el país norteamericano. Un caso detonante y uno de los más recientes, fue el del pasado mayo de 2020, cuando por asfixia ocasionada por un agente de la policía, George Floyd fue asesinado, lo último que se escuchó fue “i can't breathe” (no puedo respirar), la cual es una de las frases más representativas de las protestas por la terminación de la brutalidad policial.


En Latinoamérica uno de los casos más grandes fue el de Chile, las protestas sociales por la reforma a la Constitución dejaron una cifra alta de casos de abuso policial. Las madres de muchas de las victimas crearon una red en donde relatan lo que la policía hizo indebidamente en las protestas, muchos de los casos tienen un patrón en las victimas, jóvenes, universitarios y personas de escasos recursos que salen a manifestarse por sus derechos de manera pacífica. Claramente las protestas se ven empañadas por violencia, pero muchos de los detonantes para los manifestantes es que, sin razones justificadas aparentemente, las dispersiones y los arrestos son desproporcionados a lo que hacen los manifestantes. Las denuncias son viralizadas a través de redes sociales, que han sido la herramienta para mostrar las represiones y que, ha creado más inconformidad con estos casos, ya que cada vez son más y más lo que aparecen.


En la misma línea se encuentra Colombia, desde las manifestaciones del año 2019, en donde fue asesinado por un impacto de arma de dotación de un agente del ESMAD. En el actual paro nacional, la frase “no queremos otro Dilan Cruz” resonó en los días previos, lastimosamente las víctimas mortales aumentaron, adquirieron nombre y rostro, en un país donde la violencia parece no tener fin. El cese al fuego parece lejano por ahora, los días críticos en Cali llenaron de angustia a un país en las madrugadas, muchos no podíamos irnos a dormir por el miedo a despertar con una noticia que la peor al día siguiente. Doloroso fue ver como arrebataron la vida a Nicolás Guerrero en una jornada de plantón pacifico, todo quedó registrado en una transmisión en vivo en Instagram, los casos son muchos más, golpes, agresiones, detenidos injustamente y al parecer no hay quien responda.


Cabe aclarar que, aunque las agresiones a la integridad de los agentes también son graves y hay que rechazarlas, la comparación la una frente a la otra no puede ser igual. Los derechos humanos son inherentes, es decir que en ninguna circunstancia se puede separar de estos, y son la base de las sociedades democráticas. Los tres casos anteriores son democracias, el Estado debe garantizar la protección de estos, si a un ente del Estado se le ha encomendado el uso de la fuerza, no puede usarla indiscriminadamente: tiene que usarla con estricto apego a los protocolos precisamente para salvaguardar los derechos humanos. El uso de la fuerza debe ser tenido en cuenta de manera proporcional y siempre en consideración de salvaguardar la vida y la integridad física y psíquica de las personas, parece bastante lógico, pero ¿qué pasa realmente?


Según los organismos internacionales, el uso de armas letales no está permitido para contener el orden público, mientras que “el uso de armas no letales tiene que ser usado de modo que no genere daño a la integridad física o psíquica de las personas o se prevenga ese daño”. Por eso es por lo que cuando la fuerza se usa a una distancia en la que hay certeza que se va a generar un daño o se aplica en partes del cuerpo donde se va a generar en definitiva un daño físico o psíquico como ha ocurrido en las movilizaciones, por supuesto que se está haciendo un uso desproporcionado de la fuerza que es vulneradora de los derechos humanos.


El cuerpo policial debe contar con normas y capacitaciones para proteger los derechos humanos en las manifestaciones y sólo se debe usar como último recurso y de manera proporcional la fuerza. El uso de las mal llamadas, a mí parecer, armas “no letales” debe tener un control, siguen siendo armas, tal vez en un menor grado de letalidad, pero armas al final. El calificativo de “no letal” da una libertad de uso indiscriminado, casi como si fueran juguetes, cuando se ha demostrado en ocasiones anteriores que pueden generar heridas graves, lesiones e incluso la muerte.



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