#EnContexto

Cadena perpetua: lo “relativo” del tiempo


Imagen diseñada por América en Contexto.

Desde hace varios meses se viene hablando sobre la aprobación del proyecto de ley Prisión perpetua revisable, el cual establece que en el país se aceptará la cadena perpetua para los casos en que se hayan cometido delitos de homicidio, acceso carnal violento, secuestro o explotación sexual, en una víctima que sea un menor de 14 años o menor de 18 años con discapacidad (modificación al artículo 34 de la Constitución Política). No obstante, se agrega que después de 25 años de condena el juez competente podría evaluar la resocialización del reo. Es decir, a partir de ese momento el detenido podría salir libre si el juez considera que la condena ya fue suficiente para lograr el cometido de transformarlo de antisocial a un ser funcional dentro de la sociedad.


De entrada mi intención no es poner en tela de juicio la figura de la prisión perpetua en Colombia, ese es un análisis que quiero proponer en otra oportunidad.  Pero de lo que sí quiero hacer una crítica, es del trasfondo de la “prisión perpetua revisable” para este tipo de delitos bajo las circunstancias antes descritas. Antes de que se modificara el artículo 34, una persona que era condenada por violar o matar a un menor debía pagar una pena mínima de 40 años. Pero ahora está la posibilidad de que el preso termine pagando mucho menos tiempo que antes al evaluar sus condiciones y ver si ya está listo  para reincorporarse a la sociedad. 


Es pertinente establecer que la pena en Colombia es una respuesta concreta por parte del Estado para proteger bienes jurídicos de las más severas formas de ataque. En otras palabras, la pena es la sanción para algo que ya pasó y para evitar que vuelva a pasar. Se supone que al establecer la cadena perpetua para estas conductas las personas pensarán dos veces sus acciones antes de cometer estos delitos. Pero es claro que la flexibilización de la norma está enviando un mensaje en vía contraria a los infractores (aunque 25 años aún signifiquen mucho tiempo).


A partir de las Sentencias C-430 de 1996 y C-144 de 1997 la Corte Constitucional estableció que, el fin de la pena se divide en tres etapas: Primera, la prevención general positiva (al estar la pena consagrada en la ley los individuos se restringen a no cometer delitos). Segunda, la retribución positiva, justa y proporcional (se castiga al individuo que comete el delito). Tercera, la resocialización (se paga por el delito cometido y se está listo para regresar a vivir en sociedad). Y es precisamente, esta última etapa la que termina siendo tan cuestionable. ¿Cómo se sabe que alguien está resocializado después de haber matado o violado a un menor, o a alguien con discapacidades? No estamos hablando de infracciones menores, sino de delitos contra la vida, la honra y la dignidad de las personas.


La resocialización de la pena en el sentido ideal, efectivamente, transforma al reo, pero en un sentido real el delincuente que está en prisión, en muchos casos, termina en un estado mayor de desocialización. Como bien lo dio a entender Rousseau “el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”, el entorno en el que vive una persona condiciona su forma de actuar y pensar.  Ahora, la aprobación de este proyecto de ley no corresponde con la realidad de la resocialización en Colombia y termina siendo, completamente, problemático que la sanción hacia este tipo de crímenes quede sujeta a algo tan ambiguo como la percepción de un juez. El sistema penitenciario colombiano tiene significativas falencias que claramente no conducen a la regeneración de nadie, y sí contribuyen mucho a que se amplíen las conductas negativas por las que un individuo llega a prisión.


En la Sentencia T-762 de 2015 se dice que, “es importante recalcar que la política criminal colombiana perdió de vista el fin resocializador de la pena privativa de la libertad, en tanto, el sistema previsto para su ejecución está en una profunda crisis humanitaria”. Por lo tanto, si un delincuente está dentro de una cárcel colombiana en donde hay tantas complicaciones para garantizar las condiciones mínimas de existencia y convivencia, ¿cómo es posible asegurar que al salir de la institución penitenciaria se está listo para no volver a cometer esos delitos?


“La cárcel como universidad del delito” (Sentencia T-762 de 2015). Además de la crisis humanitaria, existe desigualdad en el tratamiento de los reclusos y no se da un plan que realmente haga que los presos sean conscientes de su mal. En vez de estar desarrollando habilidades para  la vida en sociedad, “desarrollan habilidades para sobrevivir en un ambiente duro y peligroso” (López, Albornoz & Delgado 2020), por lo que siguen delinquiendo dentro del establecimiento. Por ejemplo, las enemil formas de extorsión que se generan desde el interior de las prisiones en el país. 


“Nadie se atrevería a decir que los establecimientos de reclusión cumplen con la labor de resocialización que se les ha encomendado. Por lo contrario, la situación descrita anteriormente tiende más bien a confirmar el lugar común acerca de que las cárceles son escuelas del crimen, generadoras de ocio, violencia y corrupción” (Sentencia T-153 de 1998). Partiendo de lo anterior, la resocialización del reo no depende de su “tiempo en la cárcel”, sino que es un asunto personal en el que la autodeterminación de cada interno lo lleva o no a la reinserción a la vida en comunidad. Esto debería suceder gracias a un conjunto de mecanismos puestos en marcha durante su estadía en prisión y que son la combinación de políticas de justicia y de medios efectivos de orden social y psicológico del sistema de prisiones.


No sólo es que la condena por estos crímenes pueda llegar a reducirse en un 37.5%, sino también la idea misma de definir quién ya está resocializado y quién no. Sumado a la precariedad del sistema penitenciario en el país, la cual no garantiza y como ya lo mencione antes, que las personas que pasan un tiempo allí salgan con convicciones más fuertes sobre lo normativo de la vida en comunidad. Por ende, sería completamente incierto que un juez determine si en efecto el condenado ya se ha resocializado y no volverá a incurrir en delitos tan graves como los que se establecen en el artículo 34 de la Constitución Política. En cientos de casos hemos visto como la subjetiva interpretación que realiza el juez de la norma conduce a fallos (explícitamente a dictámenes de libertad) que van en contravía de toda lógica.  


Se supone que el propósito de esta iniciativa legislativa es que los derechos de los niños, niñas y adolescentes prevalezcan sobre los derechos de los demás, “destacando la necesidad de edificar una normatividad propia que vele por la especial protección de los menores” (Proyecto de ley Prisión perpetua revisable). Más no se trata de poner una condena de prisión perpetua y ya. Como ya vimos esta medida es muy conflictiva y además, ¿quién asegura que los abusadores y maltratadores de niños se van acabar por tener este tipo de condenas? ¿No sería más efectivo tener políticas que por un lado prevengan el ataque y por el otro cuiden a los  menores?


Cuando salió la noticia de que este proyecto de ley se había aprobado muchos celebraron y apoyaron la decisión, pensando que lo mejor que le podía pasar al país es que estos castigos tan severos se instauraran. Sin embargo, como les he venido contando, la modificación al artículo 34 conectada con la realidad colombiana termina siendo completamente problemática y en últimas, no asegura que en el país se deje de matar, violar, maltratar y demás abusos contra menores.


Aunque la idea principal era mostrar que la perpetuidad no es tan cierta en la medida que las presos pueden salir después de cierto tiempo, el asunto de la resocialización aparece como algo que presenta todos los problemas producto de la falta de mecanismos efectivos por parte del sistema judicial y del sistema penitenciario, que alcancen a impactar a los individuos y los conviertan en personas que logren ser consideras de bien para la sociedad. Reitero, el tiempo no es suficiente para que los ideales de la justicia funcionen.



#EnContexto