#EnContexto

Afuera del teatro


La vida es puro teatro, decía Shakespeare. Sí, uno de los dramaturgos y poetas más importantes en cuanto al vivo retrato de la condición artística que nos aborda como humanos, no solo pensaba que el teatro era un conjunto de obras dramáticas concebidas para presentarse en un escenario. Shakespeare, pensaba que el teatro era la máxima representación de la vida porque para él, el escenario teatral era como un lugar en el que se vive la auténtica expresión de lo que significa ser humano y vivir, siempre vivir. Sin embargo, el teatro sigue siendo un arte que depende del encuentro con el público y la comunidad teatral se ha caracterizado por ser la respuesta adecuada a todos nosotros.


Henry Miller, uno de los talentos novelistas más destacados de Norteamérica afirmaba que “El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”. Estoy segura de que a diario existen un montón de escenarios distintos a los que también nos enfrentamos, piensen si quiera en lo que significa el hecho de solo mirarse al espejo y con seguridad van a encontrarse con un mundo totalmente diferente. Pero el teatro, en su estado más puro, es el único arte en donde podemos encontrarnos directamente con aquello que somos y del que no queremos huir porque seguimos estando sentados en el lugar que queda del otro lado del escenario, en el lugar en el que esas cosas solo les suceden a otros.


Teatro vacío. Recuperado de: Portal web El Cierre Digital.
Teatro vacío. Recuperado de: Portal web El Cierre Digital.

En medio de este momento desconcertante en el que vivimos, de crisis que nos transforman a diario y que nos obligan a reconocernos, los actores han dejado de ser los personajes a los que les suceden las cosas para comenzar a vivir el teatro de afuera, el de nosotros, el de quienes, precisamente, antes acudíamos a verlos a ellos para no volver al lugar distinto en el que solo nos miramos al espejo. Entonces, parece que el actor ha dejado de ser aquella persona que representa un papel, ha dejado de ser aquella persona que finge y por ahora, ha tenido que quedarse afuera.


Desde el primer anuncio de la Organización Mundial de la Salud acerca del nuevo drama social, el Covid 19, el telón se ha cerrado. Las funciones, las temporadas de ensayos y cubrimientos creativos se han quedado en el lugar más vulnerable que actualmente representa el arte: las taquillas. En un país como el nuestro, en el que el sector cultural es uno de los proyectos bandera pero al mismo tiempo es en lo último que se piensa porque no se dispone como una necesidad básica, la asistencia del público a las salas era la vitalidad de espacios como el Teatro Nacional, la Fundación La Maldita Vanidad, el Teatro Colón, entre muchos otros lugares que ahora se encuentran vacíos y que han dejado de la misma manera a quienes allí vivían su propia obra de teatro.


El 27 de marzo de este año William Guevara, director de Kiosko Teatral y Púrpura Creactivo propuso el primer Festival de Teatro Virtual. “Yo creo que el arte es una pulsión que lleva al artista a crear, es una conmoción interna, un deseo. Creo que situaciones como esta deben impulsar esa creación. Shakespeare completó tres obras maestras durante una cuarentena”, afirma William. El proyecto buscaba que a partir de piezas de 15 minutos, los actores pudieran crear momentos individuales como pasaba en el teatro, pero esta vez desde sus propias casas y que finalmente se presentarían vía Instagram. A pesar de que, evidentemente, en un encuentro teatral virtual las dinámicas cambian, los actores también tuvieron que desentrañar el espacio físico que significaba el teatro y poner en práctica a sus personajes desde los escenarios que les brinda el hecho de estar afuera, algo así como empezar a jugar con ellos mismos.


El teatro hace parte de un juego y como juego, la única herramienta que necesita es la imaginación. Estuve pensando en mis lugares favoritos para jugar y llegué a una conclusión que me parece acertadísima: Cualquier lugar puede convertirse en el escenario perfecto para jugar; las calles, los parques, el armario de una habitación, el parqueadero del edificio. Enfrentarse a la ausencia física hace parte de un nuevo juego para los actores, una ausencia, un vacío, en el que el teatro se ha llenado de silencio y ha tenido que abrir una puerta a lo extracotidiano. El teatro permite llenarse de autopercepciones, permite identificar roles que incluso, como artista, se desconocen, quizá eso signifique que por ahora el posible ganar el juego.


Aunque, ahora mismo, seguir escribiendo historias no parece una tarea fácil para nadie dentro de la escena cultural, y me incluyo a mí misma que mientras escribo esta nota tengo la cabeza en los cerros que puedo observar desde mi ventana, porque el encierro en algún punto nos enloquece a todos. Los actores han decidido abrir la puerta de sus propios teatros y seguir creando mundos, por ahora, virtuales.

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